ruina

buscando una prueba

Pégame cerca del pecho, donde nunca nadie llegará. Si tus dientes son la salvación y mis colmillos una ofrenda en tu cuello. Hasta que no nos reconozcan. Sin forzar la tuerca, amarrándote con el hilo de la libertad del vencejo.

Semillas en lo posible o lo que aún no es palpable. Estoy sintiéndolo como si cada día se me escapara. Que migre y se quiebre aquí. Porque nunca vivo en mi persona. Sin fundamento, sin dejar salir mis propios sonidos.

Sobresaturo la existencia para olvidarla, en el impulso de aislarme, de nuevo. Incluso si me buscan. Quiero irme hasta que el cielo se derrumbe. Y si nunca puedo salir de aquí, y si esta condena se vuelve un nicho.

Y salí y justo estuve en la cadena. Ojeras en la planta de los pies y un cansancio que no se percibe. La ansiedad en las faldas del Mulhacén. Estoy perdida y agradezco no saber ubicarme en espacios que no son habitables, donde no se pueden respirar aromas de fogones y bosques mediterráneos, donde el cable delimita las casas y la materia es plástico.

Qué será de los troncos y de los anillos del pino, de sus años. Ignoro tantas cosas que ahora mis mañanas son un sendero abierto. Aquí no hay energías positivas o mantras de dinero, somos el temblor, la vibración que asusta, lo que irrita. Lo no estético.

No necesito promesas, ni presencia controlada. Rechazo lo impoluto y a quien dedica horas del día a construirse a si mismo (sin mirar el caos). Para qué construir salones de baile canónicos, si no hay música. Para qué encontrar partes individuales de tu especie, si no te partes en simbiosis, con otras. Para qué amontonar logros, kilos de menos, músculos de más. A los bichos del campo no les importa nada de eso.

No me quiero a mí misma, porque todo es Muerte. Y la vida se cuela lento. Tengo atadas a la gargantas cuerdas colosales, de instrumentos que nunca verán la luz. Que ya la están viendo.

Porque mañana empezará a nadar el pez ahogado, y los columpios de todas las imágenes que construyo, se desharán.

Estoy buscando una prueba de paz en el infierno. Tengo presentes las ruinas, cada vez que los trucos me fallaron.

Como un abrazo de enredadera.

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