ruina

campo de girasoles

Existe un hueco exacto justo en las manos. Las que juegan, se transportan. Dentro de la oscuridad y la luz. Tengo trenzadas las pupilas, intentando aprender a vivir en ese hueco.

Entre los hilos de la distancia y la proximidad nace la presencia y el pálpito. El corazón de mimbre. La llama de mimbre. Su mirada de mimbre.

Una vulnerabilidad que tiembla y explora. Sus andares. Los sentires que no se filtran. Los zumos del paladar que no se van. Sean una punzada, el sonido de los besos en la madrugada, o una vela sin prender.

Le rizo los rizos a la infancia saltarina y sus saltos me enseñan a vivir. La vergüenza nunca tuvo sentido, la chispa sin miedo hace salvajes todos los destinos. El movimiento de sus respiraciones en las mías, su silencio de caricia. Echo de menos el sueño del despertar. A su lado.

Esto no duele como un veneno, duele como el antídoto. Que permea y cura, escuece y deja el rastro de un aroma que será como cada cráter de la luna. Imperecedero. O como el color de las estaciones. Cambiantes y extremas. Sin guión y sin Poderes.

Una rendija que se hizo ventana de buhardilla. Reconstrucciones de cuevas y heridas. Luceros del cielo. Hogares improvisados.

Y quizás. Ganas de seguir. Para comprobar, luchar, morder y vivir. En cualquiera de todos los escenarios imaginados.

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Comments
  1. Anonymous — Feb 28, 2026:

    Los girasoles, como la luna que está llena aunque no la veamos, también girarán aunque no se vea el sol? Te quiero