ruina

como una esperanza

Ese día llovía y se marcaban las costillas. Y dos días después de la costilla nació una esperanza. Y detrás le tocaba la garganta a la adelfa recien florecida y permanecía dentro de los huesitos de las aceitunas. Casi esculpiendo. Casi succionando.

Todas las noches a esta hora escucho sus voces en el eco de los pinares. Debajo de la mesa de la merienda. Ensucio los recuerdos que sangran, le oxigeno el tono y lo coso. Y coso sus voces a mis costillas. Como una esperanza. Y nunca me alimento a esta hora. Para escucharla a ella cocinar.

Para sostenerla entre los dedos sin que muera en vano. Desde las uñas rotas se ha observado a la muerte sin parar. La muerte de la oportunidad, de la salvación y de la luz. Se ha curado la hemorragia. Se ha odiado en el presente y en el final se han amontonado los cuchillos a un lado, aunque estuviesen apuntando mientras tanto, a matar.

La muerte es reconocible y familiar en la Familia. No tiene que ver con la enfermedad, aunque exista enfermedad. Es el final de un tormento. Una tormenta. El principio de todo. Pero si no se le da la mano, los oídos o el sorbo sincero a la muerte de quien muere cerca, el pecho se ondula, la punzada física persiste. La muerte se cocina como un fogón hueco. Se rompe en pedazos y trozos desiguales.

No se llevan ni agasajos, ni plañideras, ni flores. Quizás sí una semilla astuta, un silbido. Quienes conocemos la pena no penamos por la muerte, le pintamos los ojos del color de los corales y le apretamos la forma. Le hacemos la cama, le hervimos los síntomas de la naturaleza, se los volcamos por encima y le damos un beso. Y hace frío y sus ojos calientan. Y es inquieta la presencia que se tapia.

Casi no tengo ojos, costillas, ni voz, porque sólo le doy al interruptor cuando estoy a punto de irme. Cuando todo es triste. Creo que nunca sabré vivir fuera del nudo de los pozos. Mientras tanto les busco en cada campo frondoso y verde.

Al volver al rincón que no fue profanado, de la casa más profana de la montaña. Escarbar en las cintas. Remover cada trozo de agonía.

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Comments
  1. Anonymous — Jan 11, 2026:

    Del color de los corales ere tu y tu alma entera