Como todo lo bello que nace en lo salvaje. En todas las direcciones hay una nueva calzada preparada para ser asaltada. Caminando sin rumbo se difuminan las direcciones, no hay victoria. Intento que sea impersonal y sacudo los helechos podridos por las aguas de marzo. Los faros.
Hace meses que no quiero morir pero sigo haciendo círculos alrededor de los mismos barrios. Escondiendo tesoros en mis secretos. Hablando con desconocidos, quedándome en silencio, y mirar. Y sólo mirar.
Hace un día y medio que no canto canciones alegres. Hace un segundo que no siento tristeza.
Hace poco que reconozco mi propia voz y no la de las grullas negras roncas.
Si todo esto es ahora, que muerda fuerte en la cadera y haga masa madre en los campos, y en la mina de la montaña ponga una fuente de rosas abiertas.
Hace tiempo que no observo desde la oscuridad. Aunque sea casa y seguridad. Por eso aspiro la piel humana y quiebro la pesadilla. Y mucho más si es impura.
Hasta mañana mismo todo era un espacio roto de cuerdas. Hoy fragancias. Mi rezo es en voz alta. Y todas las palabras se conocen en él.
La pena perpetua no pertenece a estas lágrimas, sólo son hierbabuena. Hoy mi mano es un retal colectivo. Hoy y siempre. Y para nunca. Las llamas son la resina de las plantas fuertes.